Chihuahua: el Álamo del panismo nacional

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POR KUKULKAN

HAY ALGO profundamente enternecedor en ver al PAN y al PRI jugando sus últimas cartas como si todavía gobernaran el México de hace veinte años. Se les mira sudando, haciendo llamadas internacionales, contratando opinólogos en televisión, inflando hashtags y reciclando los mismos discursos del “México en peligro” que llevan vendiendo desde que Andrés Manuel les arrebató la silla presidencial y, de paso, les vació el refrigerador presupuestal.

LA MARCHA de Morena en Chihuahua este fin de semana no fue solamente una movilización partidista. Fue una especie de declaración de guerra política en territorio enemigo. Y eso, naturalmente, puso a temblar a los últimos sobrevivientes del viejo régimen atrincherados en los estados que aún no caen en manos guindas.

PERO seamos serios: Chihuahua representa hoy lo que Berlín representaba para el Tercer Reich en 1945. Un bunker político donde el panismo resiste mientras afuera Morena ya controla la Presidencia, el Congreso, la mayoría de las gubernaturas y buena parte del aparato político nacional. Y ahora, con Ariadna Montiel estrenándose como nueva dirigente nacional, el mensaje fue clarísimo: ya no basta con gobernar donde ya ganaron; ahora van por los últimos bastiones de la oposición.

POR ESO el nerviosismo. Por eso la sobreactuación. Por eso el dramatismo casi teatral de la derecha mexicana y sus aliados internacionales. Desde hace meses la narrativa opositora intenta instalar la idea de que Morena está acabado moralmente, cercado por escándalos, debilitado y al borde del colapso político. Que si el narco, que si la corrupción, que si el autoritarismo, que si Venezuela, Cuba, Nicaragua y probablemente Mordor juntos.

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LA ESTRATEGIA ha sido simple: repetir mil veces el mismo discurso esperando que algún día ocurra el milagro de que la mayoría de los mexicanos despierte “engañada” y regrese arrepentida a los brazos de quienes saquearon el país durante décadas. Algo no termina por salirles bien. Los números, las encuestas, la calle, la gente.

Y ES QUE mientras los editorialistas de la derecha internacional escriben columnas apocalípticas sobre el “fin de la democracia mexicana”, millones de mexicanos siguen viendo programas sociales cayendo puntualmente en sus cuentas, obras públicas terminadas, aumentos salariales históricos y una oposición que todavía no entiende por qué perdió el poder.

JUSTO ahí está el verdadero drama del PAN y del PRI: no logran conectar con la mayoría social, aunque tengan respaldo mediático, financiero y hasta diplomático. La aparición de Ariadna Montiel en Chihuahua tiene precisamente ese trasfondo. Morena entendió que la elección de 2027 no se jugará solamente en Palacio Nacional, sino en los estados donde aún sobreviven los restos del antiguo sistema político.

EL MENSAJE fue brutalmente simple: “vamos por ustedes”. No es casualidad que la derecha haya reaccionado con tanta furia a la marcha. En cuanto Morena pisa territorio panista, inmediatamente aparecen las etiquetas sobre dictadura, autoritarismo, militarización y destrucción institucional. Es casi un reflejo condicionado. Como si el manual de crisis lo redactaran en Washington y lo distribuyeran por correo entre comentaristas, bots y dirigentes nacionales.

POR SUPUESTO, también hay un componente internacional en esta historia. La derecha global no termina de digerir que México haya logrado consolidar un movimiento político nacionalista, popular y electoralmente dominante sin necesidad de tutelaje extranjero. Y menos aún que, pese a todos los intentos de desgaste mediático, Morena siga encabezando prácticamente todas las preferencias rumbo a 2027.

ENTRE tanto, el PRI parece vivir una tragicomedia aparte. Convertido en acompañante decorativo del PAN, sobrevive aferrado a coaliciones que ya ni sus propios militantes entienden. El viejo partido hegemónico terminó reducido a una especie de invitado incómodo en una boda donde nadie recuerda por qué sigue sentado en la mesa.

Y AUN ASÍ, ambos partidos apuestan todo a una última resistencia territorial. Chihuahua, Querétaro, Aguascalientes, Guanajuato. Los últimos castillos antes del tsunami electoral. Pero Morena ya comenzó el asedio. Y viendo el tamaño del pánico opositor, parece que entendieron perfectamente que lo que está en juego no solamente perder elecciones, sino desaparecer definitivamente como fuerzas dominantes del país. Una cosa es perder la Presidencia y otra muy distinta es estar a punto de convertirse en pieza de museo político.

@Nido_DeViboras

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