- A lo largo y ancho de la Zona Rosa no se veía otra cosa que el verde de las playeras de la Selección Mexicana, acompañado por la marea ensordecedora de los gritos de la afición.
STAFF / AR
CIUDAD DE MÉXICO.- A lo largo y ancho de la Zona Rosa no se veía otra cosa que el verde de las playeras de la Selección Mexicana, acompañado por la marea ensordecedora de los gritos de la afición.
Restaurantes y bares no se daban abasto para alojar a los fanáticos que, desde las 11:00 horas, llegaron para abarrotar Calle Génova.
“¡Es una locura!”, exclamó Michelle, aficionado.
Para muchos, el barrio se convirtió en la alternativa frente a las dificultades de acceso a otros puntos de la Capital para seguir el partido inaugural.
“Estamos muy emocionados, la verdad. Vinimos en familia, quisimos entrar a la plaza del Zócalo, pero ya no se pudo, pero no importa, el chiste es vivirlo en donde nos permitan, como aquí que tienen la pantalla, aquí nos vamos a quedar”, relató Ana Lilia, mientras observaba la inauguración en una pantalla improvisada por comerciantes ambulantes sobre la acera, conectada con diablitos de luz.
Sin pedir nada a cambio, los vendedores permitieron que los aficionados se reunieran alrededor del dispositivo; algunos incluso añadieron bocinas a la instalación.
La oferta de mercancía informal era amplia: playeras no oficiales en 200 pesos, banderas de distintos tamaños, cornetas, matracas y sombreros.
Algunos comerciantes, incluso, se prepararon para recibir pagos con terminal, anticipando la presencia de asistentes extranjeros.
Dieron apenas los primeros minutos del juego y, tras la primera anotación por parte de la Selección Mexicana, la Zona Rosa se encendió.
Aficionados disfrazados con máscaras de luchador o envueltos en banderas celebraron con gritos, saltos y ráfagas de nieve artificial en aerosol.
En contraste, los establecimientos sin transmisión o sin venta de bebidas alcohólicas apenas reunían clientela.
El segundo tanto consolidó la fiesta. Abrazados, los seguidores entonaban Cielito Lindo junto al mariachi, mientras besaban figuras a escala del Trofeo de la Copa Mundial.
“Increíble, nos la pasamos muy, muy bien, hay mucho ambiente en México, me gusta que todo mundo esté conectado, incluso los extranjeros están disfrutando mucho el partido, hay un ambiente mundialista muy bueno”, contó Mariana, quien viajó desde Querétaro para vivir la experiencia en la Capital.
Tras la victoria, los aficionados llevaron la fiesta al Ángel de la Independencia, regresando la calma a la Zona Rosa.




