- El programa Sembrando Vida ha dejado de ser únicamente una iniciativa de transferencia económica para convertirse en un experimento masivo de restauración productiva.
IGNACIO CANUL
MÉRIDA, YUC.- En el corazón de la Selva Maya y a lo largo del cinturón tropical del sur-sureste mexicano, el programa Sembrando Vida ha dejado de ser únicamente una iniciativa de transferencia económica para convertirse en un experimento masivo de restauración productiva.
Sin embargo, la ambición de sembrar no basta si no se sabe proteger; bajo esta premisa, la Secretaría de Bienestar y la Comisión Nacional Forestal (Conafor) lanzaron una Estrategia Nacional de Capacitación que busca dotar de rigor técnico a más de un millón de hectáreas en todo el país.
El banderazo de salida, encabezado por la subsecretaria de Inclusión Productiva y Desarrollo Rural, Columba Jazmín López Gutiérrez, y el director general de la Conafor, Sergio Humberto Graf Montero, marca un hito en la política pública ambiental: la unión de la justicia social con la especialización forestal.
Para la Península de Yucatán, una región históricamente vulnerable a los incendios forestales durante la temporada de sequía y a la presión de plagas que amenazan la biodiversidad endémica, esta estrategia representa un respiro necesario.
El plan no es menor: contempla la formación de cuatromil 636 técnicos operativos y 423 mil 169 sembradores.
La capacitación se centra en cuatro ejes críticos para la supervivencia de las parcelas agroforestales como lo son la prevención y combate de incendios; identificación y control de plagas y enfermedades; recuperación de suelos y ecosistemas degradados, y la mejora en la calidad genética y sobrevivencia en viveros.
“La infraestructura no es nada sin el capital humano”, afirmó Graf Montero, destacando que esta alianza demuestra que la política social y la técnica forestal son, en realidad, “una sola ruta hacia la sostenibilidad”.
En estados como Yucatán, Campeche y Quintana Roo, donde el programa ha impulsado sistemas de Milpa Intercalada con Árboles Frutales (MIAF) y sistemas agroforestales, la escala del proyecto es comparable a la protección de un estado completo.
Con una superficie total a intervenir de un millón 57 mil hectáreas, el manejo adecuado de estos recursos es vital para garantizar que el esfuerzo de los sembradores no se pierda ante contingencias ambientales.
La subsecretaria López Gutiérrez subrayó que el compromiso de Sembrando Vida trasciende la producción de alimentos o madera.
“Donde hay producción agroforestal que convive con los bosques, hay también un compromiso con su cuidado; el compromiso no es sólo con la producción, es con el entorno y con el bienestar del país”.
La integración de la Conafor en la dinámica diaria de las Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) permite que el conocimiento científico baje directamente al territorio.
Esta transferencia de tecnología es fundamental en el sur-sureste, donde la densidad forestal exige un manejo especializado para evitar que las parcelas de Sembrando Vida se conviertan en focos de infestación o riesgos de incendio para las reservas naturales colindantes.
Con esta estrategia, el Gobierno de México busca que las comunidades rurales de la Península y el sur del país no solo sean receptoras de apoyos, sino guardianas capacitadas de su propio patrimonio natural.
La meta es clara: asegurar que el futuro de las selvas mexicanas sea, como dicta el programa, un futuro de vida y de esperanza fundamentado en el conocimiento y la responsabilidad compartida.


