POR KUKULKAN
BASTÓ que Morena nacional abriera la puerta a los aspirantes a las gubernaturas de 2027, quienes deberán solicitaran licencia entre el 22 y el 26 de junio, para que en Quintana Roo se desatara una de esas tormentas políticas que suelen comenzar en redes sociales y terminar en una mesa de negociación. La convocatoria no se había anunciado oficialmente cuando la alcaldesa de Benito Juárez, Ana Paty Peralta, salió a anunciar que pediría licencia para participar en el proceso.
EL MENSAJE cayó como piedra en estanque quieto. En cuestión de horas comenzaron las especulaciones sobre un supuesto madruguete contra el senador Eugenio “Gino” Segura, considerado por muchos dentro del Partido Verde como el proyecto natural para la sucesión de Mara Lezama. Las redes hicieron lo suyo. Hablaron de ruptura, de traiciones, de fracturas irreparables y hasta de una guerra abierta entre los grupos que comparten el poder en Quintana Roo.
ENTRE los más entusiastas ya se estaban repartiendo herencias políticas y redactando esquelas para la alianza entre Morena y el Verde. Pero la realidad, como suele suceder, resultó menos espectacular que los deseos de quienes viven de la intriga. Para apagar el incendio, el propio Eugenio Segura acudió al cumpleaños de Ana Paty Peralta. Ahí estuvieron juntos, sonrientes, compartiendo escenario, abrazos y mensajes de unidad. Los videos circularon de inmediato.
MICRÓFONO en mano, la alcaldesa afirmó que no existía ninguna ruptura y recordó que ambos forman parte del mismo equipo político encabezado por la gobernadora Mara Lezama. El senador correspondió con gestos de respaldo que difícilmente podrían interpretarse como una declaración de guerra. El mensaje fue claro: la competencia existe, pero la ruptura todavía no.
SIN EMBARGO, el episodio dejó al descubierto una realidad que desde hace tiempo ronda los pasillos del poder estatal. Mara Lezama ha construido una imagen pública sólida, superior a la de sus antecesores inmediatos y con niveles de aprobación que muchos gobernadores quisieran presumir. Pero ni la popularidad más alta alcanza para blindar las torpezas, errores y ambiciones de quienes la rodean.
LA GOBERNADORA heredó un entramado político complejo. Llegó al poder impulsada por una coalición donde el Partido Verde tenía una influencia determinante. Muchos de los cuadros que integraron su gabinete provenían de estructuras previamente dominadas por el grupo político de Jorge Emilio González, el eterno “Niño Verde”, personaje que durante más de dos décadas ha ejercido una notable influencia sobre el poder económico y político de Quintana Roo.
HOY ESE PASADO comienza a convertirse en una carga para Morena. A nivel nacional, el partido guinda enfrenta una realidad incómoda: necesita a sus aliados para mantener cohesión territorial, pero cada vez le resulta más difícil justificar ciertas cuotas de poder exigidas por el Verde. Particularmente cuando los números electorales cuentan una historia distinta a la narrativa de quienes se sienten propietarios de la franquicia política del sureste.
LOS DATOS de la elección presidencial de 2024 son contundentes. Claudia Sheinbaum obtuvo cerca de 36 millones de votos. Más de 27 millones provinieron directamente de Morena. El Partido Verde aportó poco más de 4.6 millones y el PT alrededor de 3.8 millones. Traducido al lenguaje menos romántico de las matemáticas electorales: Morena puso más de tres cuartas partes de la victoria presidencial. Dicho de otra manera, sin el Verde y sin el PT, Sheinbaum habría ganado de todas formas.
LAS CIFRAS son todavía más reveladoras en Quintana Roo. Morena aportó 418 mil 981 votos a la candidatura presidencial. El PVEM sumó 140 mil 92 y el PT apenas 46 mil 288. Son números importantes, sí. Pero están muy lejos de sostener la idea de que Morena dependa del Verde para ganar elecciones. Y ahí está precisamente el origen de los nervios que recorren hoy los corredores del oficialismo.
MIENTRAS el Verde reclama espacios, candidaturas y hasta gubernaturas para 2027, dentro de Morena crece la presión para redefinir la relación con un aliado que durante años recibió manga ancha desde los tiempos de Vicente Fox, continuó con Felipe Calderón, prosperó durante Enrique Peña Nieto y mantuvo amplias cuotas de influencia incluso bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
POR ESO la disputa quintanarroense va mucho más allá de una fotografía entre Ana Paty y Gino. Lo que está en juego no es solamente quién encabezará la boleta en 2027. Lo que se está discutiendo es quién manda realmente dentro de la alianza gobernante y cuánto poder está dispuesto Morena a seguir concediendo a un socio que aporta votos, sí, pero no los suficientes para justificar ciertas exigencias. Por ahora los abrazos alcanzaron para apagar el incendio. La pregunta es si alcanzarán para detener la guerra que se libra varios pisos arriba.




