- La ola de violencia que se desató en Jalisco por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes dejó las calles del Área Metropolitana de Guadalajara desoladas.
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GUADALAJARA, JALISCO.- La ola de violencia que se desató en Jalisco por la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes dejó las calles del Área Metropolitana de Guadalajara desoladas.
Negocios cerrados, parques solos y la ausencia de vehículos circulando por las calles fueron algunas de las consecuencias que dejaron los narcobloqueos en la Ciudad; quienes se aventuraron a salir a las calles a buscar algún producto no tuvieron éxito.
“Todo estaba cerrado, no había casi gente. Los pocos que había estaban como nosotros buscando alguna tienda abierta, pero no había ninguna, solo había un puesto de pollos asados”, mencionó Diana Flores, vecina de la Colonia El Sauz en Guadalajara.
Colonias que antes se encontraban llenas del bullicio de los domingos, de repente guardaron silencio ante la incertidumbre. Los pocos comercios que quedaron abiertos tuvieron largos periodos de espera para atender.
También los templos católicos lucieron vacíos ayer y, en consecuencia, la Arquidiócesis de Guadalajara conminó a orar por la paz y organizó una misa dominical por la vía virtual que transmitió por las redes sociales del Arzobispado desde el templo de San Maximiliano María Kolbe, en Zapopan, oficiada por el sacerdote Giovanni Antonio Camarillo Rubio.
Al registrarse los primeros narcobloqueos, el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega, pidió a la feligresía católica atender las indicaciones de la autoridad estatal, que mantuvo activo el Código Rojo y cuya esencia era no salir de casa.
La Arquidiócesis dejó a criterio de los párrocos la apertura o no de los templos. Hacia la tarde, la mayoría efectuó cierres preventivos.


