Slim y el coraje de la derecha

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POR KUKULKAN

VAYA tragedia nacional. Resulta que Carlos Slim, el hombre más rico de México, uno de los empresarios con mayor influencia económica en América Latina y personaje históricamente cercano al poder sin importar colores partidistas, se atrevió a decir algo que en la oposición cayó peor que una auditoría del SAT: calificó de “irracional” la rebaja de Moody’s a México y, para rematar, expresó confianza en el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Y ENTONCES vino el infarto colectivo en ciertos sectores conservadores, ya que una cosa es soportar que Morena gane elecciones, otra que Claudia Sheinbaum mantenga altos niveles de aprobación y una muy distinta —imperdonable para algunos— es que un empresario del tamaño de Slim no se sume al coro apocalíptico que desde hace años anuncia el inminente colapso económico del país… mismo que nomás no llega.

LA REACCIÓN fue casi enternecedora. Analistas de televisión, economistas de café gourmet y opositores profesionales comenzaron a descubrir súbitamente que las calificadoras ‘sí tienen razón’, que Moody’s ‘no se equivoca’ y que Slim, prácticamente, había perdido la brújula financiera. Curioso. Son los mismos personajes que durante décadas acusaron a las calificadoras internacionales de manipular mercados, favorecer intereses globales y actuar con criterios políticos. Pero cuando una agencia golpea a un gobierno morenista, entonces se convierten poco menos que en palabra divina escrita sobre piedra.

ASÍ de flexible es la congruencia en la derecha mexicana. El problema para los conservadores no fue realmente la calificación de Moody’s. Lo que les provocó urticaria fue ver a Slim desmontando el relato del desastre económico. Porque les rompe el guion. Y eso duele. Durante los últimos años han intentado construir la narrativa de que México se encontraba aislado, sin inversión y al borde del precipicio financiero. Pero la realidad es incómoda: el nearshoring sigue atrayendo capitales, el peso se mantiene fuerte, las reservas internacionales continúan sólidas y empresarios de peso siguen apostando miles de millones de dólares en el país.

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JUSTO ahí fue que apareció Slim, sonriendo tranquilamente, anunciando inversiones y diciendo, palabras más palabras menos, que Moody’s exageró. La oposición esperaba quizá un empresario indignado, alarmado, denunciando incertidumbre y huyendo con sus capitales. En cambio, encontraron a un magnate hablando de confianza, crecimiento e inversión. Un golpe demoledor para quienes necesitan alimentar el miedo como estrategia política. Y es que hay algo que no soporta cierta derecha mexicana: que alguien con credibilidad económica no valide sus pronósticos catastróficos.

ESTÁ claro que si lo dice un militante de Morena, no tardarían en descalificarlo por oficialista. Si lo dice un académico progresista, lo tachan de ideólogo. Pero cuando lo afirma Carlos Slim, uno de los hombres más influyentes del continente, la cosa cambia. Ahí ya no es tan fácil gritar ‘populismo’ y cambiar de tema. Por eso la molestia fue evidente. En redes sociales comenzaron las maromas discursivas para explicar que Slim ‘defiende sus intereses’, que ‘está alineado con el poder’ o que ‘necesita quedar bien’. Como si durante décadas el empresario no hubiera convivido con presidentes priistas, panistas y de todos los colores sin que eso les causara escándalo alguno.

LA DIFERENCIA es simple: antes el empresariado apoyando al gobierno era ‘confianza en las instituciones’. Ahora, cuando un empresario reconoce estabilidad bajo un gobierno de izquierda, automáticamente se convierte en sospechoso. La doble moral, otra vez, haciendo horas extras. Y ojo, nadie dice que Moody’s no tenga argumentos técnicos. Los tiene. El tema de Pemex, la deuda y el crecimiento económico son asuntos reales y delicados. Pero una calificación financiera no es una sentencia divina ni una verdad absoluta. También responde a interpretaciones, proyecciones y criterios que muchas veces han fallado espectacularmente alrededor del mundo.

LA GRAN revelación fue observar cómo ciertos sectores opositores parecían más indignados con Slim por confiar en México que preocupados por la propia economía nacional. En el fondo hay algo que les resulta insoportable: que el país no se parezca al desastre que llevan años prometiendo. Y peor todavía: que empresarios poderosos comiencen a admitirlo públicamente, lo cual en tiempos donde la oposición vive más de la expectativa del colapso que de propuestas propias, termina siendo casi un acto de provocación política. Quién lo diría. El hombre más rico de México convertido, accidentalmente, en la peor pesadilla emocional de la derecha mexicana.

@Nido_DeViboras

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