Elmer Ancona Dorantes
Ahora sí se van a armar los shingadazos. Después del ríspido discurso dominguero de la presidenta Claudia Sheinbaum con el que se confrontó contra “la derecha más radical de Estados Unidos” -entiéndase Trump-, no podemos esperar más que un fuerte fregadazo.
La actitud asumida por la mandataria federal -que se vio más radical que su propio creador político-, me recuerda las espectaculares peleas del Maromero Páez, quien bailaba por todo el cuadrilátero, fanfarroneando, e invitando a sus poderosos adversarios a darle un derechazo a su mentón.
El boxeador parecía trompo, se acercaba y alejaba de sus oponentes burlándose de ellos, hasta que llegó Oscar De La Hoya quien lo derrotó por nocaut fulminante en el segundo asalto, ese 29 de julio de 1994 en Las Vegas.
El devastador gancho al hígado que le propinaron frenó en seco las excentricidades del mexicano y fue recordado como uno de los momentos más duros y vergonzantes en su carrera como pugilista.
Algo así -creo yo- le sucederá pronto a la presidenta de la República, a su movimiento político y a gran parte de su cuerpo de colaboradores. No podrán resistir la embestida de un Donald Trump que tuvo los tamaños suficientes -quizá no la razón- para enfrentarse a un Irán, a una Venezuela.
El presidente de Estados Unidos, nuestro mejor socio comercial, dijo a Sheinbaum, una y otra vez, de la manera más educada y diplomática, que le entregara a los presuntos narcopolíticos de su lista. Ella se burló y se burló de esa petición.
Pero llegó el domingo y la diplomacia se fue por la borda; en La Plaza de la República (Monumento a la Revolución) se pudo ver a una presidenta radical, desorbitada, confrontada, gritando una y otra vez que los mexicanos no seremos sumisos, no seremos complacientes, no seremos piñata de nadie ¿Los mexicanos Kemosabi?
Lo único que está pidiendo el gobierno de Estados Unidos de forma diplomática, utilizando los canales judiciales vigentes, respetando los protocolos internacionales, es detener a esos presuntos narcopolíticos para ser juzgados por los tribunales norteamericanos por el daño que le han hecho a su nación.
Si son inocentes quedan en libertad, si son culpables visten el uniforme naranja. Así de simple. Así de claro. Son procedimientos que se aplican en cualquier parte del mundo.
El discurso de las ¡pruebas! ¡pruebas! ¡pruebas! se le agotó a la mandataria federal y pasó al canal de la confrontación, al “ven si puedes, hijo de…”, muy al estilo del también morenista Cuauhtémoc Blanco.
Con el discurso de este domingo, en el que los únicos que aplaudían y vitoreaban eran los matraqueros del oficialismo sentados hasta adelante y en el podio, quedó claro que lo único que quiere Sheinbaum Pardo es pelea.
Lo cierto es que en unos cuantos días verán a su Oscar De la Hoya entrar en acción, apuntando sus poderosos guantes hacia sus mandíbulas y llevándolos a la lona política.
En lo personal considero que en este cuadrilátero político que se armó en el Monumento a la Revolución no debieron estar sentados ni el secretario de la Defensa Nacional (Sedena) ni el secretario de Marina (Semar), y mucho menos estar aplaudiendo las barrabasadas emitidas por la oradora oficial.
El golpe que viene -esperemos que no-, pudiera ser en el renglón de la economía y del comercio, cosa que afectaría al pueblo de México; si se da en lo político con toda seguridad el gobierno de Estados Unidos extenderá más nombres, y ahí aparecerán algunos que no quisiéramos ni pronunciar.
En fin, creo que la presidenta Sheinbaum se salió de control, perdió los estribos y se dejó llevar por la pasión y por esa torpe ideología de izquierda que arrastra desde sus años de juventud.
Lo que haga por ella y para ella eso no nos importa, ella pagará los platos rotos, pero lo que haga a nombre del pueblo de México, de la República a la que pertenecemos todos, eso sí debe de preocuparnos. Como ciudadanos debemos poner frenos.
@elmerando




