- The New York Times detalló hizo un reporte en el que describe que Irán atraviesa una de sus etapas más inciertas en décadas.
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TEHERÁN, IRÁN.- The New York Times detalló hizo un reporte en el que describe que Irán atraviesa una de sus etapas más inciertas en décadas: una economía golpeada por la guerra, una población cada vez más inquieta y el riesgo constante de nuevos enfrentamientos con Estados Unidos, mientras la máxima autoridad del país permanece prácticamente ausente de la escena pública.
El ayatolá Mojtaba Jamenei asumió como líder supremo en marzo, poco después de que los primeros ataques estadounidenses e israelíes acabaran con la vida de su padre, el ayatolá Ali Jamenei, quien dirigió Irán durante 37 años.
Sin embargo, desde su nombramiento, el nuevo líder no ha aparecido en público, una ausencia que ha generado dudas sobre su estado de salud -ya que se asegura que resultó herido en los ataques-, y sobre si realmente está ejerciendo el poder en un momento crítico para la República Islámica.
Los iraníes esperaban verlo por primera vez durante los funerales de su padre esta semana, pero las ceremonias concluyeron ayer sin que Mojtaba Jamenei hiciera una aparición pública.
Su silencio ha alimentado preguntas sobre el rumbo político del país y sobre quién tiene realmente la capacidad de tomar decisiones mientras aumentan las tensiones internas.
Irán enfrenta una disputa entre sectores radicales que rechazan cualquier acercamiento con Washington y otros grupos más pragmáticos, encabezados por el Presidente Masoud Pezeshkian y el Canciller Abbas Araghchi, quienes respaldaron un acuerdo preliminar de alto al fuego con Estados Unidos el mes pasado.
Las divisiones quedaron expuestas durante los funerales del antiguo líder iraní, cuando Pezeshkian y Araghchi fueron aparentemente abucheados y hostigados por sectores duros del régimen.
Analistas citados por The New York Times han señalado que esas fracturas no son nuevas en el régimen, pero adquieren mayor relevancia ante el fracaso de los esfuerzos diplomáticos y el intercambio de ataques entre Irán y Estados Unidos.
La figura del líder supremo iraní concentra algunas de las funciones más importantes del sistema político: controla las fuerzas armadas, designa al jefe del Poder Judicial, supervisa cargos clave del Estado y tiene la autoridad final para declarar la guerra o la paz.
En la estructura híbrida del gobierno de Irán, con elementos religiosos y republicanos, ese puesto representa la máxima fuente de poder.
Durante décadas, Ali Jamenei fue una presencia constante que marcaba la dirección política del país mediante discursos públicos y mensajes que orientaban a funcionarios, militares y dirigentes.
En cambio, la imagen de Mojtaba Jamenei permanece prácticamente desconocida para la población. Su principal comunicación desde marzo han sido alrededor de una docena de mensajes escritos difundidos con su nombre, algunos relacionados con fechas oficiales y otros con asuntos de Gobierno.
“Como el público no puede verlo ni escuchar su voz, no pueden saber realmente lo que piensa”, señaló Ali Ansari, historiador de Irán de la Universidad de St. Andrews, quien advirtió que actualmente no existe una autoridad central capaz de resolver las disputas entre las distintas facciones del poder.
En junio, Mojtaba Jamenei afirmó que inicialmente se había opuesto al acuerdo con Estados Unidos, pero decidió permitirlo después de las garantías ofrecidas por Pakistán.
Sin embargo, su declaración no consiguió detener la disputa interna: tanto partidarios como críticos del pacto utilizaron sus palabras para defender sus propias posiciones. El nuevo líder también reconoció problemas económicos y administrativos de larga duración en Irán, aunque no explicó cómo planea enfrentarlos.
La economía del país se ha debilitado por años de sanciones, y enfrenta ahora los efectos de la guerra y un creciente descontento social.
Algunos iraníes reclaman una mayor presencia pública del nuevo ayatolá, otros consideran que su ausencia responde a motivos de seguridad.
Fatemeh Mohamad, participante en una ceremonia de duelo en Teherán, afirmó que Mojtaba Jamenei debería aparecer para demostrar resistencia frente a los adversarios de Irán.
Otros asistentes justificaron que permanezca oculto debido a que varios líderes iraníes han sido blanco de ataques.
Con la ausencia de una figura dominante como Ali Jamenei o el fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Jomeini, la Guardia Revolucionaria parece haber incrementado su influencia y el sistema podría estar avanzando hacia una toma de decisiones más colectiva, según analistas.
Por su parte, Ray Takeyh, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, señaló que las diferencias internas no necesariamente significan una parálisis del Gobierno. Mientras Hesameddin Ashena, ex asesor del Presidente Hassan Rouhani, afirmó que las instituciones iraníes han optado por mantener un consenso para evitar una crisis mayor.
El desafío para Mojtaba Jamenei será construir una autoridad propia. Su padre tardó años en consolidar su control sobre el sistema tras asumir el cargo en 1989, cuando inicialmente fue considerado una figura débil frente a otros dirigentes.
Con el tiempo, Ali Jamenei fortaleció la oficina del líder supremo hasta convertirla en una estructura con influencia sobre el Ejército, los servicios de inteligencia, la economía y la política exterior.
Ali Alfoneh, investigador del Instituto de los Estados del Golfo Árabe, señaló que Mojtaba heredó el cargo, pero necesitará años para establecer su propia autoridad. Según expertos, su experiencia gestionando vínculos entre la oficina de su padre y los servicios de seguridad, además de su control sobre importantes conglomerados económicos, podrían convertirse en sus principales fuentes de poder.
Sin embargo, algunos analistas consideran que su mayor desafío es precisamente la falta de una presencia pública que le permita construir legitimidad. “A menos que sea una persona de una fuerza inusual, probablemente retrocederá”, afirmó Ansari al referirse al futuro político del nuevo líder supremo iraní.




