Grandeza… y otras formas de patear el avispero

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POR KUKULKAN

HAY un dicho sabio que se repite entre las comisarías y los pueblos de la Península de Yucatán: “ves que el perro es bravo… y todavía le aporreas la puerta”. No se necesita un doctorado en ciencia política para entenderlo. Pero al parecer, Adán Augusto López, senador tabasqueño y líder de la bancada de Morena, decidió ignorarlo olímpicamente… y se lanzó a tirar la puerta con cajas, libros y una sonrisa.

¿SU HAZAÑA? Mandar a traer 17,000 ejemplares del libro Grandeza, escrito por su compadre, exjefe y mentor espiritual, Andrés Manuel López Obrador, y distribuirlos alegremente en el Senado de la República. Y es que claro, si hay un lugar perfecto para hacer un gesto político de ese calibre, es el recinto donde la oposición está al acecho, con los dientes afilados, buscando el mínimo resbalón para incendiar las redes.

NO IMPORTA si pagó los libros con sus propios recursos, como insiste. No importa si logró un “precio especial”, o si invirtió parte de su quincena, su aguinaldo o sus ahorros en alcancía. El problema no fue comprar libros, sino llevarlos al Congreso como quien reparte panfletos en una plaza pública. Como si fuera poca cosa que el título del libro se llame Grandeza, en un país donde las formas siguen siendo tan importantes como los fondos.

POR MUY culto que pretendiera ser, el gesto huele a otra cosa. Huele a propaganda de culto discreto. A promoción voluntaria del gran patriarca en retiro. A clientelismo editorial con papel couché. ¿De verdad pensaba Adán Augusto que no se iba a armar el escándalo? ¿Que nadie en la bancada opositora iba a levantar la ceja cuando llegaron los paquetes con el nombre del expresidente estampado en letras doradas?

NO ES CIENCIA ni se necesita malicia, sólo sentido común. Aunque el contenido del libro tenga relevancia histórica, no política, el simbolismo de meterlo en el Senado como si fuera un regalo navideño fue suficiente para encender la pólvora. Y en tiempos donde cualquier chispa enciende una tormenta digital, Adán fue —sin querer queriendo— el niño que jugó con el encendedor.

LA OPOSICIÓN, por supuesto, hizo lo suyo. Se rasgó las vestiduras, gritó “adoctrinamiento”, y aprovechó el momento para deslizar insinuaciones sobre recursos públicos y culto a la personalidad. No necesitaban tener razón, sólo necesitaban material. Y vaya que Adán les dio materia prima para varios días de indignación mediática. En su defensa, el senador dijo que sólo quería compartir lectura con sus compañeros. Que no estaba regalando vinos ni corbatas, sino ideas. Vaya nobleza.

AUNQUE quizás olvidó que el Congreso no es un círculo de lectura del Infonavit, y que cualquier gesto en ese espacio se interpreta bajo la lupa del juego político. Especialmente si lo que estás regalando es un libro del expresidente que, para bien o para mal, sigue siendo la figura central de Morena. Y mientras tanto, Grandeza ya figura en los escritorios del Senado, probablemente sin abrir, apilado junto a iniciativas congeladas y presupuestos discutibles.

QUIZÁS algún senador opositor lo lea en secreto, con un marcador en mano, anotando argumentos para su próximo discurso. O tal vez se lo lleven a casa para equilibrar una pata de mesa. Todo puede pasar. Lo que queda claro es que Adán Augusto, en su intento por hacer un gesto simbólico de lealtad política (o literaria, según se quiera ver), terminó regalando a sus adversarios un escándalo hecho a la medida.

@Nido_DeViboras

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