El ecologismo de escritorio y la condena de Mahahual

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POR KUKULKAN

DESDE oficinas climatizadas en la Ciudad de México, Europa o quién sabe en qué cafetería hipster de Brooklyn, una nueva legión de “defensores” del medio ambiente decidió salvar Mahahual. Claro, sin vivir ahí, sin padecer ahí y, probablemente, sin siquiera haber puesto un pie en ese rincón olvidado del sur de Quintana Roo. Porque eso sí: para dictar sentencia sobre el futuro de una comunidad pobre, marginada y abandonada por décadas, siempre hay voluntarios. Y sobran.

LA CANCELACIÓN del proyecto “Perfect Day México” de Royal Caribbean fue celebrada en redes sociales como si se hubiera derrotado al mismísimo cambio climático. Activistas digitales, influencers ambientales y organizaciones internacionales levantaron el puño desde sus cómodas sillas ergonómicas para aplaudir lo que llaman “una victoria histórica”.

LA PREGUNTA es: ¿victoria para quién? Desde luego, no para los habitantes de Mahahual. Ese pequeño poblado costero, que muchos de los “ecologistas” apenas aprendieron a pronunciar hace unas semanas, lleva décadas sobreviviendo en el abandono gubernamental. Sin drenaje digno, con problemas de agua potable, calles parchadas, escuelas limitadas y una infraestructura que parece detenida en los años noventa.

EN MAHAHUAL no hay plazas comerciales ni hospitales de alta especialidad. Para comprar muchas cosas básicas, los habitantes tienen que viajar a Tulum o Chetumal, entre dos y tres horas de ida… y lo mismo de regreso. Pero desde las redes sociales les explican que el verdadero problema es el “turismo depredador”.

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QUÉ IRONÍA. Y es que mientras algunos activistas hablaban de “la invasión de miles de turistas”, los números oficiales revelan que esa invasión ya existe. Tan solo en 2024, Mahahual recibió alrededor de 2.2 millones de cruceristas. Sí, millones. En 2025 la tendencia sigue creciendo: más de 1.7 millones de pasajeros llegaron entre enero y septiembre, consolidando al puerto Costa Maya como uno de los más importantes del país.

ES DECIR, el turismo masivo ya está ahí. Los cruceros ya llegan. Los turistas ya desembarcan. Los autobuses ya recorren las calles. Pero ahora resulta que el escándalo comenzó cuando una empresa prometió invertir parte de esas ganancias en infraestructura, empleos y desarrollo turístico. Curioso sentido de la indignación.

LA NAVIERA Royal Caribbean no llegó precisamente a instalar una planta nuclear. Llegó con una propuesta turística que, para bien o para mal, representaba una oportunidad económica para cientos de familias que viven directamente del turismo. Y sí, también implicaba riesgos ambientales que debían revisarse y regularse. Pero una cosa es exigir vigilancia ambiental y otra muy distinta es condenar cualquier posibilidad de desarrollo como si Mahahual fuera un santuario virgen habitado únicamente por tortugas y arrecifes.

LA REALIDAD es mucho menos romántica y bastante más cruda. En Mahahual hay familias que dependen de temporadas altas para sobrevivir. Hay trabajadores que esperaban empleo formal, pequeños comerciantes que ya comenzaban a ver movimiento económico y habitantes que, nos guste o no, se dejaron seducir por la promesa de inversión porque el Estado mexicano jamás les ofreció otra cosa.

Y AHÍ ESTÁ el detalle más incómodo para los puristas ambientales: quienes viven en Mahahual son los que tendrán que seguir enfrentando la precariedad cotidiana cuando las cámaras mediáticas se apaguen y los hashtags desaparezcan. Lamentablemente el ecologismo de escritorio suele ser así. Muy combativo… hasta que toca hablar de alternativas reales para las comunidades pobres. Resulta muy sencillo exigir que no se construya nada cuando se vive en una ciudad con todos los servicios, supermercados a diez minutos y agua potable saliendo todos los días del grifo.

LO COMPLICADO es decirle a una comunidad olvidada que siga esperando otros veinte años “por el bien del planeta”. Al final, en esta guerra de narrativas, nadie parece preguntarle realmente a Mahahual qué quiere Mahahual.

EL GOBIERNO celebra su postura ambiental. Los activistas festejan su triunfo digital. Las organizaciones internacionales suman otra medalla moral. Royal Caribbean pierde millones. Pero quienes vuelven a quedarse atrapados en medio del pleito son los habitantes. Los mismos que seguirán viviendo entre calles deterioradas, servicios insuficientes y promesas eternas de desarrollo. Eso sí, ahora con el consuelo de haber sido salvados por personas que jamás tendrán que vivir ahí.

@Nido_DeViboras

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