POR KUKULKAN
HAY DERROTAS que duelen más cuando llegan desde el extranjero. Mientras gran parte de la derecha mexicana sigue empeñada en retratar a Claudia Sheinbaum como una presidenta sin liderazgo, incapaz y aislada, los principales rotativos del mundo parecen haber recibido un guion distinto. El seminario TIME la incluye entre las personas más influyentes del planeta. Financial Times la ubica entre las mujeres con mayor peso político global. The Guardian analiza su gobierno como una excepción dentro del viraje conservador que vive buena parte del planeta. Y la revista italiana Internazionale incluso la presenta como una de las líderes de izquierda con mayor respaldo ciudadano. Pero seguramente todos ellos también son “chairos”.
BAJO este escenario, no deja de ser admirable la capacidad de algunos sectores de la oposición para descubrir conspiraciones internacionales donde otros apenas ven periodismo. Según esa lógica, Londres, Nueva York, Roma y Washington decidieron levantarse una mañana con una sola misión: quedar bien con Palacio Nacional. La imaginación también merece reconocimiento. Mientras tanto, aquí seguimos asistiendo al espectáculo de ciertos personajes que llevan dos años intentando convencer al país de que la presidenta carece de liderazgo, inteligencia o capacidad para gobernar. Lo curioso es que esos calificativos casi nunca vienen acompañados de argumentos sólidos.
EN CAMBIO, abundan las difamaciones, los insultos, apodos, las burlas sobre su personalidad, su voz, su forma de vestir o hasta su formación científica. Como si gobernar un país dependiera del volumen del micrófono o del corte del saco. Cuando faltan razones, aparecen las descalificaciones. No es más que una vieja receta. Lo verdaderamente divertido es observar cómo algunos de esos mismos críticos citan con devoción cualquier editorial extranjera… siempre y cuando sea negativa para el Gobierno de la 4T. Si un periódico internacional la cuestiona, entonces es prueba irrefutable. Pero si otra publicación destaca la popularidad de Sheinbaum o analiza su influencia regional, de inmediato pasa a formar parte de la gigantesca conspiración socialista intercontinental.
LA COHERENCIA nunca fue requisito para el comentario político. Claro que nadie está obligado a coincidir con las evaluaciones de TIME, Financial Times o Internazionale. La crítica es indispensable en cualquier democracia. Lo que resulta difícil de sostener es que todos los medios extranjeros que reconocen el peso político de la mandataria estén equivocados… mientras un puñado de opinadores nacionales posea la única verdad revelada. Eso ya no parece análisis. Parece terapia de grupo. Quizá el problema sea otro. Durante años una parte de la derecha mexicana construyó su discurso convencida de que bastaba repetir una mentira para convertirla en realidad.
REPITIERON sistemáticamente hasta el cansancio queLópez Obrador era un ‘peligro para México’. Después aseguraron que Sheinbaum no tendría legitimidad. Más tarde pronosticaron que no podría construir liderazgo propio. Y ahora observan con desconcierto cómo la prensa internacional habla de ella como una de las figuras políticas más relevantes de América Latina. No era el guion esperado. Eso explica el creciente enojo. Y es que hay algo especialmente incómodo para quienes apostaron por el fracaso: descubrir que la realidad insiste en llevarles la contraria. Por supuesto, el reconocimiento internacional no resuelve los problemas del país. México sigue enfrentando enormes desafíos en seguridad, justicia, crecimiento económico y combate a la corrupción.
NINGUNA portada sustituye los resultados. Pero tampoco los insultos sustituyen los argumentos. La diferencia entre una crítica seria y una campaña permanente de descalificación suele medirse por la calidad de las ideas, no por el volumen de los adjetivos. Mientras algunos siguen atrapados en la nostalgia de elecciones perdidas, el mundo observa a México con otros ojos. No porque sea un paraíso. Sino porque, para bien o para mal, la presidenta mexicana se ha convertido en una figura relevante del debate internacional. Y eso, aunque les provoque urticaria a más de un opinador profesional, no lo decidió Morena. Lo escribieron ellos. En inglés. En italiano. Y hasta con subtítulos. Qué ironía. Al final, quizá el problema no sea Claudia Sheinbaum. Quizá el verdadero drama sea descubrir que el eco de los insultos nacionales no alcanza a cruzar el Atlántico.




