Mafiosos al cuidado de Maru 

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POR KUKULKAN

EN POLÍTICA, como en las alcantarillas, las ratas siempre terminan encontrándose. Y cuando una cae en desgracia, las demás salen desesperadas a defenderla, no por lealtad, sino porque saben que si una pared del drenaje se rompe, toda la pestilencia queda expuesta. Eso explica el frenético operativo de rescate montado alrededor de María Eugenia Campos, la gobernadora panista de Chihuahua que hoy pretende disfrazarse de víctima política después de haber reconocido, con una ligereza casi suicida, la operación de agentes extranjeros en territorio mexicano.

RESULTA que doña Maru, tan aficionada al maquillaje mediático y a las entrevistas cómodas pagadas con miles de millones de pesos del erario, terminó hundiéndose sola. Nadie la obligó a admitir la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua. Nadie le puso palabras en la boca. Pero apenas la Fiscalía General de la República le tocó la puerta, apareció el viejo club de cómplices del calderonismo convertido en brigada de salvamento. Y ahí estaban, puntuales como buitres sobre carroña: Roberto Gil Zuarth, Maximiliano Cortázar, Jorge Romero y toda la fauna de operadores que sobrevivieron al naufragio de Felipe Calderón

LOS MISMOS personajes que durante años vivieron del presupuesto público mientras el país se incendiaba entre sangre, corrupción y pactos oscuros. Y es que conviene recordarlo: el calderonismo no fue solamente un gobierno fallido; fue una asociación de intereses donde la política, los negocios y el crimen caminaron de la mano. El rostro más visible de aquella cloaca fue Genaro García Luna, hoy condenado en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico. Pero García Luna nunca actuó solo. Detrás estaba toda una estructura política que ahora, aterrada, intenta impedir que cualquier investigación avance.

IMAGÍNENSE que el mismísimo Felipe Calderón aparece hoy defendiendo a Maru Campos con el mismo descaro con el que durante su sexenio justificó el operativo ‘Rápido y Furioso’, aquel monumento a la estupidez criminal donde miles de armas ingresaron ilegalmente a México con autorización de su gobierno. Armas que terminaron asesinando mexicanos mientras él jugaba a la guerra desde Los Pinos. Y como en toda mafia, los tentáculos familiares tampoco faltan. Ahí está la hermana incómoda, Luisa María Calderón, señalada por pactos con grupos criminales en Michoacán. Ahí está el sobrino ligado a personajes vinculados con Los Zetas. Ahí están los operadores financieros y los contratistas reciclados en cada sexenio panista como sanguijuelas presupuestales.

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POR ESO no sorprende que Roberto Gil Zuarth haya salido de inmediato a proteger a Maru Campos. El mismo Gil que convirtió el tráfico de influencias en modelo de negocios; el abogado de políticos perseguidos que se enriqueció milagrosamente litigando para gobernadores acusados de corrupción. Un personaje que, curiosamente, siempre termina cerca del dinero público como mosca sobre carnicería. Tampoco sorprende la presencia de Maximiliano Cortázar, experto en manipulación mediática y en comprar silencios periodísticos con recursos oficiales. DURANTE años, personajes como él construyeron un ecosistema de medios domesticados donde la propaganda sustituía a la información y la violencia se maquillaba con boletines. Y para completar el retrato de la pandilla, apareció Jorge Romero, dirigente nacional del PAN y emblema de los grupos clientelares y mafiosos que secuestraron al partido. El mismo que ahora amenaza con ‘volverse loco’ si tocan a Maru Campos, como si la justicia tuviera que pedir permiso a una pandilla política antes de investigar posibles delitos.

DA TERNURA ver cómo se protegen entre ellos. Se conocen demasiado. Saben perfectamente dónde están enterrados los cadáveres políticos y financieros. Por eso reaccionan con histeria cuando alguien osa rascar un poco debajo de la alfombra. Pero tampoco conviene caer en ingenuidades partidistas. La podredumbre no es exclusiva del PAN. Morena también tiene sus propias serpientes venenosas; gobernadores señalados por presuntas complicidades criminales, personajes intocables protegidos por el poder y caciques reciclados bajo nuevas siglas. Porque la impunidad en México no distingue colores: se alimenta del presupuesto y se reproduce en cada elección.

LA DIFERENCIA es que el calderonismo carga una pesada colección de cadáveres políticos que ya no logra ocultar. Y ahora, cuando la sombra de García Luna alcanza a todo el grupo, cada investigación se convierte en una amenaza existencial. Maru Campos quizá creyó que bastaba rodearse de operadores mediáticos, abogados caros y dirigentes histéricos para blindarse. Pero cuando las ratas salen juntas a defenderse, lo único que logran es confirmar que pertenecen al mismo drenaje. Pura finura andante. O, dicho sin eufemismos: la misma mafia de siempre.

@Nido_DeViboras

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