POR KUKULKAN
HUBO un tiempo en que las madres mexicanas tenían relativamente claro dónde estaban los peligros que acechaban a sus hijos. Estaban en la esquina. En la pandilla del barrio. En la cantina de mala muerte. En el vecino sospechoso que ofrecía dinero fácil. En el reclutador que llegaba a las comunidades prometiendo trabajo en otro estado.
HOY las cosas son distintas. El reclutador ya no llega en camioneta. Llega en TikTok. Mientras millones de padres siguen preocupados porque sus hijos pasan demasiado tiempo viendo videos de bailes, bromas y recetas de cocina, resulta que algunos de los algoritmos más sofisticados del planeta también están sirviendo para algo más inquietante: ayudar a los cárteles a encontrar nuevos empleados.
EL RECIENTE estudio de El Colegio de México confirma algo que muchos sospechaban y pocos querían admitir. El narcotráfico entró de lleno al siglo XXI. Y lo hizo mucho más rápido que el gobierno. Mientras las autoridades siguen presumiendo decomisos de droga como si viviéramos en los años noventa, las organizaciones criminales ya están utilizando estrategias digitales que parecen sacadas de una campaña de mercadotecnia corporativa.
Y ESO ES precisamente lo que están haciendo. Marketing. Segmentación de audiencias. Posicionamiento de marca. Captación de talento. El problema es que la empresa se llama crimen organizado. Durante décadas el narco reclutó jóvenes aprovechando la pobreza, la falta de oportunidades y el abandono institucional. Eso sigue ocurriendo. Lo novedoso es que ahora no necesita esperar a que el muchacho viva en una región controlada por un grupo criminal.
AHORA puede encontrarlo desde cualquier lugar. Basta un teléfono. Un perfil en redes sociales. Y algunos minutos de atención. Lo verdaderamente perturbador es la sofisticación del método. Ya no aparecen hombres armados amenazando familias. Ahora aparecen videos cuidadosamente editados. Música popular. Camionetas de lujo. Billetes. Fiestas. Armas convertidas en accesorios de moda. Y mensajes diseñados para tocar exactamente las fibras emocionales que más afectan a millones de adolescentes: pertenencia, reconocimiento y éxito.
LOS CÁRTELES entendieron algo que buena parte de la clase política mexicana sigue sin comprender. Los jóvenes no sólo buscan dinero. Buscan identidad. Mientras el gobierno les ofrece discursos, los criminales les ofrecen una narrativa. Mientras las instituciones prometen oportunidades futuras, el narco presume recompensas inmediatas. Mientras los programas públicos hablan de esfuerzo, los algoritmos muestran riqueza instantánea.
LA COMPETENCIA parece desigual. Y los resultados están a la vista. Según los investigadores del Colmex, el reclutamiento digital ya opera mediante códigos, hashtags, emojis y mensajes aparentemente inocentes que terminan conduciendo a ofertas de trabajo falsas. Vacantes para guardias. Choferes. Jornaleros. Personal de ranchos. Empleos que prometen salarios que cualquier profesionista mexicano envidiaría.
LO QUE no aparece en la publicación es que el contrato puede incluir entrenamiento armado, trabajo para una organización criminal o, en el peor de los casos, la desaparición del reclutado. Lo más escalofriante es que este fenómeno revela una derrota silenciosa del Estado mexicano.
DURANTE años escuchamos que la batalla contra el crimen organizado se libraba en las calles. Hoy sabemos que también se libra en las pantallas. Y en ese terreno el gobierno parece llegar tarde a todas las citas. Mientras las instituciones descubren cómo abrir una cuenta oficial en una red social, los grupos criminales ya dominan los lenguajes digitales, las tendencias virales y los mecanismos de recomendación algorítmica.
LA BRECHA tecnológica es tan absurda que por momentos parece que unos juegan ajedrez mientras otros siguen aprendiendo las reglas del dominó. Pero sería un error atribuir todo al ingenio criminal. Los algoritmos ayudan. Las redes facilitan. Sin embargo, el combustible sigue siendo el mismo de siempre. La desigualdad. La falta de oportunidades. La ausencia de movilidad social. La frustración de millones de jóvenes que observan cómo el futuro se aleja cada vez más.
EL NARCO sólo llena el vacío. Un vacío que otros dejaron abandonado. Y ahí aparece la pregunta incómoda. ¿Qué resulta más aterrador? ¿Que los cárteles utilicen TikTok para reclutar adolescentes? ¿O que existan miles de jóvenes dispuestos a escuchar la oferta? La verdadera tragedia no está en la aplicación. Está en la realidad que vuelve atractiva la propuesta.
AL FINAL, el estudio del Colmex no habla únicamente de redes sociales. Habla de un país. De uno donde el crimen organizado ya no necesita esconderse en la sierra ni reclutar en la oscuridad. Puede anunciar vacantes frente a todos. A plena luz del día. Y en alta definición. Mientras millones deslizan el dedo sobre la pantalla creyendo que sólo están viendo otro video más. Y es que narco entendió antes que nadie la gran lección de nuestra época. Para conquistar territorios ya no siempre hace falta un fusil. A veces basta con un algoritmo.




