POR KUKULKAN
EXISTE una política pública mexicana que ha sobrevivido al PAN, al PRI y a Morena con una eficacia digna de mejores causas: exportar trabajadores a Estados Unidos. Cambian presidentes, colores, logotipos, discursos y hasta las definiciones de “bienestar”, pero millones de mexicanos siguen descubriendo que el sueño americano tiene una ventaja sobre el mexicano: por lo menos paga en dólares.
¿QUIÉN golpeó más a la clase trabajadora? Los números tienen la desagradable costumbre de arruinar discursos. La serie de CONAPO basada en la American Community Survey permite aproximarse a las nuevas llegadas de mexicanos a Estados Unidos. Durante los años asociados a Felipe Calderón, de 2007 a 2012, suma alrededor de 1 millón 137 mil. Con Enrique Peña Nieto, entre 2013 y 2018, fueron aproximadamente 800 mil. Primer lugar: Calderón. Que pase por su medalla.
AUNQUE hay una pequeña serpiente escondida bajo la estadística: durante su propio gobierno el flujo cayó más de 50 por ciento, de unas 269 mil llegadas en 2007 a alrededor de 130 mil en 2012. ¿Mérito presidencial? Sería generoso. La Gran Recesión estadounidense hizo buena parte del trabajo. Cuando al otro lado tampoco había empleo, hasta el sueño americano entró en austeridad. Luego llegó Peña Nieto con sus reformas estructurales, su México en movimiento y aquella extraordinaria capacidad de presentar cualquier PowerPoint como si Suiza estuviera a tres reformas de distancia.
LA MIGRACIÓN permaneció relativamente baja. Pero los mexicanos siguieron marchándose. Unos 800 mil según la serie CONAPO-ACS; Pew calcula alrededor de 870 mil para 2013-2018 con otra metodología. Después apareció López Obrador prometiendo una transformación histórica. “Primero los pobres”. Y muchos pobres, aparentemente, siguieron primero hacia el norte. La ENADID 2023 del INEGI calculó 1 millón 72 mil 331 emigraciones de México hacia Estados Unidos entre agosto de 2018 y octubre de 2023.
PARA el periodo comparable anterior, 2013-2018, la estimación ronda 645 mil. Un incremento aproximado de 66 por ciento. Bonita manera de transformar el país: cambiar también el código postal. Pero cuidado. Sería tan cómodo como tramposo concluir que López Obrador “expulsó” personalmente a ese millón de mexicanos o que Calderón produjo 1.1 millones de migrantes como una fábrica presidencial de indocumentados. La migración responde a salarios, demanda laboral estadounidense, redes familiares, violencia, reunificación y expectativas económicas. Las cifras citadas provienen de metodologías diferentes y no deben revolverse como cifras idénticas.
LO QUE SÍ resulta legítimo preguntar es algo más incómodo: Si al trabajador mexicano le estaba yendo tan maravillosamente bien, ¿por qué volvió a crecer su salida hacia Estados Unidos? Ahí comienza a doler el discurso. Y ahora tenemos una ironía todavía más cruel. En 2025 y 2026 Estados Unidos endureció su política migratoria y México comenzó a recibir decenas de miles de connacionales repatriados. Entre enero y diciembre de 2025, el gobierno mexicano contabilizó más de 145 mil repatriaciones; para marzo de 2026 el acumulado desde enero del año anterior rozaba 190 mil.
EL ESCENARIO cambió. Por eso, si próximamente disminuye la emigración mexicana, cuidado con los políticos que corran a declararlo una victoria económica. Porque menos mexicanos intentando cruzar no significa necesariamente más mexicanos viviendo bien. Puede significar algo bastante menos presumible: que tienen miedo de irse. Ahí está la gran perversidad de las estadísticas migratorias. Con Calderón disminuyó la migración mientras Estados Unidos atravesaba una crisis económica. Con Peña permaneció relativamente baja. Con López Obrador volvió a repuntar pese al discurso del bienestar. Y ahora podría volver a bajar mientras Estados Unidos cierra puertas, intensifica detenciones y devuelve migrantes. Tres fenómenos distintos. Una constante.
DURANTE décadas México ha presumido como héroes a los migrantes que primero obligó económicamente a buscar oportunidades fuera. Después presume las remesas. Extraordinario modelo de desarrollo: el trabajador se va, Estados Unidos le paga y México celebra cuando manda el dinero. PAN, PRI y Morena pueden discutir eternamente sobre quién quiere más al pueblo. Las cifras no conceden absoluciones partidistas. Calderón tuvo el mayor volumen comparable; Peña administró el periodo de menor intensidad; y López Obrador gobernó durante un claro repunte.
LO CIERTO es que ninguno resolvió el problema de fondo. Quizá la derrota económica no consiste solamente en que un mexicano cruce la frontera. Consiste en que llegue a la conclusión de que su trabajo vale más cruzándola. Y ahora hemos conseguido algo todavía más retorcido: que para algunos quedarse en México no sea necesariamente producto del bienestar. Sino del miedo a irse.




