- En medio de intentos de boicot, salen morenistas a las calles en Chihuahua para exigir juicio político en contra de la gobernadora Maru Campos.
FELIPE VILLA
CHIHUAHUA, CHI.- La marcha encabezada este sábado en Chihuahua por la nueva dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, representó tanto un acto de respaldo partidista bajo la bandera de la “defensa de la soberanía”; como el primer gran movimiento político de la nueva dirigencia morenista en territorios donde aún gobierna la oposición.
El evento, realizado en medio de acusaciones contra la gobernadora panista Maru Campos por presunta colaboración con agencias estadounidenses, mostró el arranque de una estrategia nacional de confrontación política que Morena busca consolidar rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
La movilización ocurre en un momento particularmente delicado para todos los bloques políticos del país. Mientras Morena enfrenta señalamientos de presuntos vínculos de actores del movimiento con el crimen organizado y acusaciones de corrupción en algunos gobiernos estatales, el PAN y el PRI también atraviesan un desgaste derivado de investigaciones, crisis internas y pérdida de presencia electoral.
En ese escenario, Ariadna Montiel utilizó Chihuahua —uno de los últimos bastiones panistas del norte del país— como plataforma para enviar un mensaje de reorganización política: Morena pretende asumir un papel más combativo en los estados donde no gobierna y convertir a la oposición local en el principal objetivo de su nueva etapa partidista.
Durante su discurso, Montiel acusó al gobierno estatal de vulnerar la soberanía nacional y anunció que Morena impulsará acciones legales y políticas contra la administración de Maru Campos. El mensaje fue interpretado como el inicio de una estrategia de presión permanente contra gobiernos estatales del PAN y del PRI.
Aunque la convocatoria no logró reunir a las multitudes que Morena esperaba, la movilización sí dejó claro el cambio de tono de la nueva dirigencia nacional: menos institucional y más enfocada en la confrontación política territorial.
El trasfondo es claro. Morena busca reducir al mínimo la presencia del PAN y PRI en los gobiernos estatales para consolidar un dominio político nacional antes de la sucesión presidencial de 2030. Actualmente, Acción Nacional conserva entidades clave como Chihuahua, Guanajuato, Querétaro y Aguascalientes, mientras el PRI mantiene una presencia cada vez más limitada, pero estratégica en coaliciones locales.
La nueva dirigencia morenista parece apostar por trasladar la narrativa presidencial de polarización política directamente a los estados opositores, utilizando temas como soberanía, seguridad y corrupción como ejes de desgaste contra sus adversarios.
Las reacciones no tardaron. El PAN acusó a Morena de utilizar la marcha como una “cortina de humo” para desviar la atención de los escándalos internos del oficialismo, mientras simpatizantes morenistas defendieron el acto como una respuesta legítima ante presuntas injerencias extranjeras.
En redes sociales, el debate se centró tanto en el discurso de Montiel como en la capacidad real de Morena para movilizar bases en estados gobernados por la oposición. Aun así, el acto dejó una señal política importante: la nueva presidencia de Morena quiere inaugurar una etapa de activismo permanente y confrontación directa fuera de sus bastiones tradicionales.
Con la elección de 2027 en el horizonte, Chihuahua podría convertirse en el primer laboratorio político de una estrategia nacional que buscará debilitar a la oposición estado por estado.



