POR KUKULKAN
EN POLÍTICA, como en las viejas cantinas, siempre aparece el amigo que presume que la fiesta existe gracias a él, aunque la cuenta la pague otro. Algo así ocurre hoy con el Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo, los dos eternos aliados de Morena que en las últimas semanas han elevado el tono de sus amenazas, advirtiendo que podrían competir solos en 2027 si no reciben el trato que consideran merecer.
LOS AMAGOS vienen acompañados de discursos sobre dignidad, autonomía y respeto político. Suena muy noble. El problema es que los números tienen la mala costumbre de arruinar las narrativas. Los resultados de la elección presidencial de 2024 muestran que Claudia Sheinbaum obtuvo casi 36 millones de votos. De ellos, más de 27 millones provinieron directamente de Morena. El Verde aportó poco más de 4.6 millones y el PT alrededor de 3.8 millones. Traducido al lenguaje de las matemáticas electorales: Morena aportó más de tres cuartas partes de la victoria presidencial.
DICHO de otra manera, sin el Verde y sin el PT, Claudia Sheinbaum habría seguido ganando la Presidencia. Con una diferencia mucho más amplia de la necesaria. El dato puede resultar incómodo para quienes hoy se sienten indispensables, pero sigue siendo un dato. Eso no significa que los aliados carezcan de fuerza. Significa algo distinto: son importantes, pero no para lo que creen.
TOMEMOS los estados que suelen exhibir como prueba de su poder. En San Luis Potosí, el bastión del grupo Gallardo, el Verde aportó 372 mil 97 votos a la candidatura presidencial, prácticamente empatado con los 386 mil 501 votos de Morena. Ahí sí existe un argumento serio para presumir músculo propio. En Chiapas, territorio históricamente influenciado por el grupo de Manuel Velasco, el PVEM contribuyó con 454 mil 997 votos y el PT con 273 mil 437, frente a los poco más de un millón de sufragios aportados por Morena. Son cifras relevantes, pero que siguen dejando claro quién es el socio mayoritario de la alianza.
DONDE los Verdes suelen hablar y actuar como si fueran propietarios de la franquicia electoral del sureste, Quintana Roo, la realidad fue todavía más contundente: Morena aportó 418 mil 981 votos; el PVEM, 140 mil 92; y el PT apenas 46 mil 288. No son cifras despreciables. Pero tampoco son cifras que permitan afirmar que Morena depende de ellos para ganar una elección presidencial.
POR ESO resulta particularmente llamativo observar cómo algunos legisladores de ambos partidos han decidido elevar el precio de sus servicios políticos. Ahí está el senador verde Luis Armando Melgar, quien ha cuestionado abiertamente iniciativas impulsadas por la propia Cuarta Transformación y ha insistido en marcar distancia con Morena bajo el argumento de que el Verde no es una extensión del partido gobernante. El detalle es que Melgar construyó buena parte de su trayectoria dentro de la órbita empresarial de Grupo Salinas, uno de los conglomerados que más confrontaciones ha sostenido con los gobiernos morenistas.
DEL LADO del PT destacan figuras como Reginaldo Sandoval Flores y Lilia Aguilar, quienes durante la discusión de la reforma electoral levantaron la voz para advertir que Morena pretendía construir una suerte de partido hegemónico. Curioso reclamo viniendo de organizaciones que han sobrevivido durante años precisamente gracias a las alianzas con fuerzas políticas dominantes. La pregunta de fondo es si Morena realmente necesita seguir soportando estos desplantes. La respuesta depende del terreno de juego.
SI EL OBJETIVO es ganar la Presidencia en 2030, los datos sugieren que puede hacerlo sin ellos. Si la meta es aprobar reformas constitucionales profundas, la necesidad también parece disminuir. La gran ola reformista del obradorismo ya ocurrió. La reforma judicial pasó. La Guardia Nacional quedó blindada. Los cambios estructurales más ambiciosos ya están en la Constitución. Donde el Verde y el PT siguen siendo útiles es en otra parte: en las mayorías legislativas, en la operación territorial y en ciertos estados donde aportan estructuras, operadores y votos suficientes para evitar dolores de cabeza.
MORENA podría caminar sola. Pero caminar acompañado siempre reduce riesgos. El problema para los aliados es que, cuando una relación deja de ser indispensable y se vuelve solamente conveniente, las amenazas pierden eficacia. Y eso explica por qué los gruñidos recientes del Verde y del PT suenan cada vez más a negociación de presupuesto que a verdadera intención de divorcio. Una cosa es presumir independencia en conferencia de prensa y otra muy distinta descubrir en las urnas cuánto vale realmente cada quien cuando le toca competir sin la sombra protectora del partido más poderoso del país.




