Elmer Ancona Dorantes
Al General de División Ricardo Trevilla Trejo, Secretario de la Defensa Nacional, se le quebró la voz en Palacio Nacional al dar el pésame a los familiares de los militares caídos en la batalla contra “El Mencho”, el narcotraficante número uno de México.
Nunca en la historia de este país se vio a un militar de altísimo rango expresar de manera pública, y de esa forma, sus emociones; de manifestar la parte más humana de su esencia castrense.
En las diversas escuelas de la Defensa Nacional, y muy en particular en el Heroico Colegio Militar, a los jóvenes estudiantes se les educa para no tener carácter débil, para ser rudos en este durísimo contexto social en el que siempre están expuestas sus vidas.
No obstante, ahora el Secretario de la Defensa demostró que los militares no son máquinas insensibles, que no son robot sin sentimientos a los que les puede enviar a la guerra, a la confrontación, sin una justificación bien argumentada.
El General de División Trevilla Trejo lloró porque -a decir de otros generales de alto rango-, los soldados, los militares caídos en el cumplimiento de su deber son parte de la familia castrense.
Hace un par de días, poco antes de la confrontación contra los narcotraficantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), pregunté a un General de División retirado cómo es la relación de los altos mandos del Ejército con los presidentes de la República.
Específicamente le pregunté cómo les fue con Andrés Manuel López Obrador y sus órdenes de no tocar -ni con el pétalo de una rosa- a los cárteles de la droga. Su respuesta fue tajante.
“Para nosotros lo más importante son nuestros soldados, todos los que están bajo el cobijo de las Fuerzas Armadas, los que se formaron y educaron en nuestras instituciones (…)
“A la figura del Comandante Supremo (titular del Ejecutivo federal) se le respeta, pero nos importan más los nuestros. A ellos tenemos que protegerlos, a ellos nos debemos. Necesitamos cuidar que siempre estén bien”.
En pocas palabras, las órdenes que reciben de un López Obrador, de un Peña Nieto, de un Calderón Hinojosa o de un Fox Quesada, pasa a un segundo plano. Así de simple, así de real el asunto.
A ese Comandante Supremo se le respeta siempre y cuando lo que les ordene no lesione los intereses de la Patria con la que se casan los militares desde que ingresan a las escuelas militares.
Se les obedece en tanto cuanto no lesione los intereses de los soldados y de sus familias. Esa es la estrecha línea que no pueden atravesar los civiles por muy presidentes de la República que sean.
Otro General de División de alto rango hace no mucho tiempo me dijo de manera dura, por no decir encabronada: “Los civiles ya nos tienen (a los altos mandos) hasta la madre”.
Y no es para menos, muchos de ellos no saben administrar ni su propia casa como para poner en orden a toda una República. Muchos de estos civiles están embarrados en cosas sucias, hacen tiradero y medio y luego quieren que los militares pongan en orden todo.
Por eso, lo que hoy estamos viendo en la administración de Claudia Sheinbaum es un distanciamiento claro, visible, público entre la cúpula castrense y la Presidencia de la República.
Todo parece ser que hoy están recibiendo más indicaciones del gobierno de Estados Unidos, del Comando Norte, que de la propia administración de Sheinbaum Pardo. El operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, líder fundador del CJNG, así lo hizo ver.
Y no es un asunto de soberanías. Todo se hace con respeto a la Ley y en coordinación plena. No hay lugar a duda: La Patria es Primero. Las jerarquías políticas y los signos partidistas pasan ya a un segundo plano.
@elmerando


