- Durante generaciones, las mujeres del campo mexicano han trabajado la tierra sin poseerla.
STAFF / LUCES DEL SIGLO
CIUDAD DE MÉXICO.- Durante generaciones, las mujeres del campo mexicano han trabajado la tierra sin poseerla. Han sembrado, cosechado y sostenido comunidades enteras desde el anonimato, en una lucha silenciosa marcada por la exclusión legal y cultural. Hoy, la promesa de entregar 150 mil títulos agrarios a mujeres en el país busca revertir una deuda histórica que se arrastra desde el origen mismo del sistema agrario.
El anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum —quien informó que ya se han entregado cerca de 30 mil títulos— no solo representa una política pública, sino un intento por reconocer formalmente a quienes durante décadas han sido esenciales en la producción agrícola, pero invisibles en los registros de propiedad.
Durante su intervención en Tlalpan, la mandataria puso el foco en una de las barreras más profundas: el acceso a la tierra. “¿Quién dijo que las mujeres no podíamos ser ejidatarias o comuneras?”, cuestionó, evidenciando una práctica histórica donde, sin prohibición explícita, las normas sociales y estructuras agrarias relegaron a las mujeres a un papel secundario.
Herencia de desigualdad en el campo
En México, como en gran parte del mundo, la propiedad de la tierra ha estado concentrada mayoritariamente en manos de hombres. Actualmente, alrededor del 70% de las tierras agrarias siguen bajo su control, mientras que las mujeres participan activamente en las labores productivas.
Esta contradicción —trabajar la tierra sin derechos sobre ella— ha definido la experiencia de millones de campesinas. No solo limita su autonomía económica, también su acceso a créditos, programas productivos y toma de decisiones dentro de ejidos y comunidades.
Aun así, han sido ellas quienes han sostenido la agricultura de subsistencia, la conservación de semillas y la seguridad alimentaria en comunidades rurales.
Lejos de los reflectores, las mujeres rurales han resistido condiciones adversas: doble jornada laboral, exclusión jurídica y escasa representación. Como señaló la secretaria de las Mujeres, Citlali Hernández, se trata de un sector que ha enfrentado no solo la desigualdad, sino la negación histórica del derecho a poseer la tierra que trabajan.
Bajo este contexto, destacó la funcionaria, la entrega de títulos agrarios representa un acto de reconocimiento y redistribución de derechos. No se trata únicamente de documentos, sino de acceso a programas productivos, posibilidad de financiamiento, participación en decisiones comunitarias y seguridad jurídica sobre la tierra.
Además, iniciativas como la creación de una cartilla de derechos agrarios para mujeres y la conformación de redes rurales apuntan a consolidar estos avances más allá de la entrega simbólica.
*Con información de Agencia Reforma


